domingo, 26 de abril de 2015

Homicidio de la amistad

No lo entendí en su momento.
Pasaron casi diez años y lo veo más claro. Qué extraño, ¿no? A veces para comprender algo, es mejor alejarse. O dejar que el tiempo pase, no se.
Si bien ella es complicada (y digo es porque está viva aunque no tengamos contacto ) nunca imaginé que era lo suficientemente retorcida para llegar a este punto.
Ella estaba enamorada de mí. ¿Por qué?
No se.
Será porque como en toda amistad, éramos confidentes hasta la médula. Qué ilusa yo, la terminé enamorando. Sí,  a mi amiga. A la que me prestó el hombro para llorar por algún desamor (mientras ella se retorcía de celos y bronca)
De haber sabido el mal que le estaba haciendo, me hubiera alejado a tiempo. Pero no pude. Y metí el dedo en la llaga muchos años. Es por esto que ella me odia.
No puedo olvidar aquel día cuando entré a su habitación. Ella había pintado las paredes de color negro furia y me lo había mostrado. Yo pensé que estaba siendo amigable, que me estaba mostrando su lado artístico. Hoy me doy cuenta de lo que sucedía: ella se estaba muriéndo de dolor.
Nunca me confesó que le gustaban las mujeres. Es más, me hablaba de hombres (seguramente para despistar).
Pasamos de contarnos las mismas cosas treinta veces por día a que ella deje de hablarme.
Nunca me escribió una carta después de todos estos años. Nunca más me dirigió la palabra.
No me siento culpable. Yo viví una amistad pura.
Ella no. Ahora entiendo porqué me miraba así. Me daba hasta miedo. Me recorría de arriba a abajo. Y yo, pobre ilusa, pensaba que se fijaba en mi ropa.
Tonta tonta tonta tonta!
Qué momentos tensos he pasado.
Como el Domingo que almorcé con ella y su familia.
Sus padres me hacían muchas preguntas, como si estuviésemos en alguna clase de cita. ¿Lo estábamos? Quizás para ella sí.
Nunca se confesó. Creo que moría de miedo.
Hoy se poco y nada de ella. Seguramente esté bien, pero no creo que se haya liberado de sus cargas.
Nunca lo hizo.
Vivía una mentira. Y yo también.
Tantas noches de películas juntas, sin dormir.Recuerdo que sus ojos no miraban la pantalla, sino a mí. Y yo me sentía acosada, violentada, torturada. No se sentía bien.
No espero volver a verla ni decirle que se toda la verdad. Ella me mintió.
Tan sólo espero que se saque las mochilas impuestas por la sociedad, se libere y viva la vida que merece vivir.
F.

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